Ella estaba ansiosa por salir de aquel lugar, oscuro, húmedo, un tanto podrida la madera y el aire. Su hogar le gustaba pero a veces entraba en ella un arrebato por salir corriendo. En aquella ocasión bajó al pueblo, simplemente usó el hechizo de la muchacha normal y se encontraba caminando en medio de la plaza como cualquiera. No era la primera vez que usaba esa técnica, magia heredada en la sangre por abuela y madre, magia y mañas como la de ese hechizo.
Él estaba aburrido del mismo techo, su trabajo no pintaba mal pero nunca había sido un gran cuadro, y esa ansiedad que se siente en el estómago llegaba de nuevo, como tantas veces atrás que ya debiera estar acostumbrado. Se paró, y sin hacer mucho por su apariencia, salió de las paredes que poco antes las encontraba más y más cerca de su cuerpo. Mientras huía de su portal sintió una extrañeza en el ambiente, o bien era por haber salido de aquella ratonera para humano o bien porque las ansias habían llegado a sus pies, rápido pasó por la esquina del vocero y miró al otro lado de la plaza: un pequeño café recién de puertas abiertas.
Para cuando Elisa llegó al final de la plaza no sabía qué salió a buscar, para cuando Rodrigo estaba sorbiendo su amargura en un café no tenía la menor idea del poder de unos ojos hechiceros. Inevitable, brincó la cerca que lo separaba del gentío de la plaza y comenzó a caminar hacia ella, la plaza entera cambió su ritmo por el vaivén lento del vals, interrumpido sólo por sus pasos rápidos, fue entonces cuando Elisa volteó y quedó frente a él, ojos entrelazados sin saber porqué un mundano había capturado la voluntad de su mirada, desde entonces ya no podría dejar de verlo.
Elisa, cada vez más frecuente, utilizaba el hechizo de mujer para llegar a él sin su pinta de bruja, habían pasado ya dos estaciones y las hojas se desprendían de los árboles con melancolía cuando, él, con la magia del enamorado se hizo dueño de las estrellas y la luna y se las regalaba a ella con un montón de quimeras que también poseía.
No lo pudo resistir más, al caer el sol ella estaba reunida con sus compinches, brujas todas ellas ya sabían lo que ocurría y la reunión fue pronta, le darían una simple condición: ella sería la muchacha con la que se disfrazaba todas las tardes, pero estaba sentenciada por siempre a no usar nunca más sus dones de hechicera, al hacerlo moriría.
Tres lunas después despertó con el dulzón aroma de Rodrigo impregnándolo todo, Elisa tendida y desnuda a su lado, con la mano prisionera fiel de las manos grandes de ese hombre, en ese momento se sintió completa.
Los árboles volvieron a recobrar las flores que embellecían las calles para que luego cayeran como una alfombra de ensueño cuando las sospechas de Elisa, sembradas por un disfráz que no podía desaparecer, comenzaron también a germinar. ¿Cómo saber si me ama después de ocultarle todo de mí? Aunque ya no soy la de antes, cómo saber si entiende todo lo que le quiero. Extraña flor es la de la planta de la duda, un aroma de celos se desprendió de aquella semilla y poco a poco lo impregnó todo, comenzó por causarle dolores de cabeza ante los retrasos de Rodrigo y el colmo de su frustración lo realizó por alguna otra nimiedad.
Sin poder comprender ni escuchar la voz de su sangre, Elisa fue juntando en el mercado los ingredientes que necesitaba, preparaba un brebaje para saber todo de Rodrigo, calmar sus celos buscaba y recitaba las palabras mientras batía lentamente la posión. Cuando Rodrígo llegó a casa, cansado, simplemente bebió la pósima ofrecida por las manos temblorosas de ella, sin notar sabor extraño, nunca supo cuando el sueño le fue venciendo, únicamente parpadeaba oscureciendolo todo, al abrir sus párpados en cada ocasión veía a Elisa más oscura. Dormiré, dijo, sin saber que su destino estaba trazado, nunca volvió a pararse de esa cama.
Elisa murió esa noche, sin calmar sus celos ni saber qué había matado a su fiel amante; achicoria amarga asesina, de todas las especias sería el veneno de Rodrígo, Elisa se recostó sobre el pecho de su hombre y justo al momento de saberlo fatalmente herido sintió su vientre explotar y su amor convertido en culpa, sus ojos lloraron por su necedad y el aire de primavera los encontró a los dos, tendidos frente al destino y el presagio hecho realidad.
Por si alguien desea saberlo:
http://es.wikipedia.org/wiki/Taraxacum_officinale